La salchicha es un alimento altamente ignorado que ha sufrido las consecuencias de que se popularice un tipo concreto de este producto que eclipsa a los demás. Si nos aferramos a la definición de salchicha encontramos que se trata de un embutido elaborado a base de carne picada que se introduce tradicionalmente en la piel del intestino del animal. Suele aprovechar la grasa, vísceras o sangre del animal para su preparación y la manera de condimentar ese relleno y su contenido es lo que determina a menudo el tipo de salchicha de la que hablamos. Saca de tu cabeza el típico elaborado de Frankfurt y descubre cinco tipos de salchichas frescas.
1. Butifarra
La butifarra es un embutido fresco que se prepara con carne picada de cerdo condimentada con sal, pimienta negra y blanca y perejil. Existen diferentes variedades dependiendo de la región de origen: Las más reconocidas son las de Cataluña e Islas Baleares, pero también contamos con producto de Murcia, Andalucía o la Comunidad Valenciana. Las diferentes butifarras podrían darnos para una publicación propia, pero podríamos englobarlas en las cocidas y las frescas a nivel general. Dentro de cada una de ellas existen otros tantos tipos dependiendo de su lugar de procedencia, como la butifarra colombiana o la blanca, en el caso de las cocidas.
2. Longaniza
La longaniza es un embutido originario de España elaborado de nuevo con carne picada de cerdo, aunque países como Argentina, Chile, Colombia o Venezuela, entre otros, también disponen de este delicioso alimento. La carne del interior se condimenta con varias especias que varían en función del lugar de procedencia. En el caso de Aragón la carne se acompaña de pimienta, sal, ajo, vinagre, orégano, nuez moscada, comino, tomillo y anís o vino oloroso. Las tradiciones del pueblo donde se producen condicionan también su método de elaboración. En el caso de la catalana la longaniza es seca y se compone de carne magra de cerdo y panceta picada que se adoba únicamente con pimienta negra y sal. Se suele comer cocida o frita, aunque en el caso de la curada se consume en crudo tras dejarla secar.
3. Chorizo
El chorizo ya es todo un clásico en la gastronomía española. No le descubrimos el fuego a nadie, pero se puede consumir cocido o frito si es fresco. También existe la posibilidad de dejarlos curar y comerlos crudos. De nuevo hablamos de una mezcla de carne de cerdo adobada con especias, con la peculiaridad de incluir pimentón, que le otorga el color rojizo. Tantos chorizos como provincias tenemos casi: El gallego cuentan con el tradicional de pimentón dulce y picante, que se toma crudo, frito o cocido y el cebollero, de sabor más intenso al tradicional. El chorizo riojano es el más famoso, pero también destaca el cantábrico (de Potes) o los de Salamanca, Extremadura y Huelva (Todos productores de ibéricos). Dejando a un lado otros tantos que dejamos fuera.
4. Morcilla
Si aparece el chorizo, aparece también la morcilla. En este caso el embutido se prepara a base de sangre cocida, por norma general de cerdo, mezclada con grasa, cebolla y diferentes especias. A diferencia de las anteriormente mencionadas suele contener también algún elemento no cárnico como arroz, cereales o miga de pan.
5. Farinato
El farinato es quizás el más peculiar de la lista, se trata de un embutido elaborado con pan amasado, manteca de cerdo, sal y pimienta, además de anís o aguardiente. Es originario de Salamanca y, a pesar de que en sus orígenes se trataba de un producto de clase baja, ya que se fabricaba con la parte del cerdo de menor interés, a día de hoy ha ganado valor.